Últimamente tengo la necesidad de explicarme. Ahora, en la antesala de los aperitivos de la minifiesta que Maman ha organizado, me urge escribir esto porque luego seguro que no me acordaré.

Es curioso que mi olfato, que tanto se pierde a veces, esté emborrachado del olor a palomitas de maíz.

Recuerdo aquella época de mi vida en la que el sexo sólo era una de las opciones de divertimento que yo tenia a mi disposición. Podía pasarme semanas sin sexo.

Ahora me pasa algo parecido, pero, tal y como me ocurre desde que conocí a mi Loba, tengo un apetito sexual desaforado. Tal vez sea la primavera. Tal vez sea otra cosa. Lo curioso es que contengo sin problema alguno este deseo. Ah, las ventajas de madurar…

A ver que hace esta gente.

Gros bisous,
J.