Mi encuentro con la Loba ha sido espectacular. Desde el momento en el que se ha quedado desnuda, mi mente la ha imitado y se ha quedado completamente en blanco. Podría haberme convertido en su esclavo allí mismo, pero me he rebelado ante esa cobardía y hemos jugado de igual a igual.

Es como si ayer se hubiera roto un dique y todo rugiera pendiente abajo.

Las dos horas que hemos estado juntos han estado repletas de pasión y sensualidad aunque ha faltado algo que, seguramente, ya surgirá con el tiempo. Ella ha quedado entusiasmada, y me ha propuesto, mientras nos vestíamos, presentarme a una amiga suya.

Me ha pillado por sorpresa, sobre todo cuando me ha dicho “no es tanto que tú la conozca como que ella te conozca a tí” y más aún cuando “recuerda que yo soy la primera”. La primera de qué, le he disparado a quemarropa, con los ojos clavados en ella. “Que a mí me conociste primero”. Touché, he pensado. Espero que no me esté pidiendo privilegios. Se los ha de ganar, en todo caso.

Y hoy, lo admito, se ha ganado un par o tres, porque ha estado excelente en todas las opciones que hemos tocado y follado.

Gros bisous,
P.