Hoy, hablando de un sin fin se de temas con mi Dama de los Pies Fríos (Sí, MI, joder, MI!!! Porque mi Dama de los Pies Fríos es ese trocito de ella que asoma conmigo, y, de alguna manera, se hace mía en ese contexto particular de ambos, igual que yo soy suyo, si es que somos de alguien, aparte de nosotros mismos… ah, esa eterna duda, ¿o es miedo? Dime, Dama de los Pies Fríos, ¿es miedo o duda?), ella ha hecho por mí algo que, estoy seguro, ni ella es consciente, pero que sirve para vacunarme contra mi pasado y mis errores. Por ello, mi Dama de los Pies Fríos, este reconocimiento, más grande de lo que mis palabras o mi voluntad quieran o desean admitir.

Hablando de uno de los más tristes, lamentables y vergonzosos capítulos de mi pasado, ella ha hecho un gesto que, para mí, se ha cargado de mil sentidos, pero que, una vez más, para mí, ha quedado reducido a unos pocos. Al saber cuál fue la causa principal de mi caída, que, en suma, fue mi mala cabeza, ella ha cerrado los ojos un brevísimo instante.

Ese simple instante, que puede significar mil cosas y que, tal vez, no sea lo que yo pienso, ha significado un golpe tan fuerte para mi ego y para mi ser entero que, cada vez que dude, cada vez que vacile, no me hará falta recordar lo que mi error supuso: sólo necesitaré recordar esos párpados cerrados, ese gesto de tristeza que creo haber percibido, y lo que he sentido en mis entrañas, ese segundo de horror infinito, para tener la fortaleza de no dejarme caer, una fortaleza que no me ha abandonado nunca. Y ahora, más que nunca permanece conmigo, a mi lado.

Hoy, ella, me ha salvado de mis demonios de la manera más certera e involuntaria posible. Hoy, más que nunca, doy gracias al Destino por haber encontrado a MI Dama de los Pies Fríos y por todo el bien que me lleva regalado, pero sobre todo por lo que hoy me ha aportado. Me queda un largo camino por recorrer, pero este es el correcto. Sigo teniendo gestos infantiles, como hoy he visto con horror, ese extraño orgullo infantil, tan propio de algunos hombres que se olvidan de que no son lo que son por lo que hacen, sino por eso, por lo que son. Y yo soy mucho, y tengo que ser más. Y para ello, tengo mucho que mejorar y aprender.

Porque ese ser débil, triste, mezquino, autodestructivo, miserable y lamentable que yo fui y ha provocado su horror, ya no existe.

Hoy tengo la sensación de que con ese gesto de sus ojos, que me perseguirá en mis pesadillas futuras, he iniciado una nueva etapa. Y es bueno que ella haya reaccionado así, porque se me ha clavado y, cada vez que vacile, sólo tendré que recordar ese instante, ese momento de ella. Ese, tal vez, sea el mejor regalo de todos los que me lleva hechos hasta la fecha, demasiados para poder recordarlos todos.

Ella, mi Dama de los Pies Fríos, simplemente, es grande por derecho propio, y yo, un mero testigo de esa gloria.

Gros bisous,
J.