Mi ex-osita viene a Barcelona a pasar “una temporada”. Ayer eran unos días (maldita Le Pen, maldito Macrón), pero parece ser que, tras consultarlo con la almohada, se queda más tiempo. Parte positiva, no será en mi casa ni en las cercanías.

La verdad, desde que G. vuelve a estar centrada y se ha dejado de sus ideas raras (las que le han tenido completamente idiotizada este último año y medio), vuelve a recordarme a la mujer de la que me enamoré ciegamente hace unos años. Y me alegro por ella, porque vuelve a estar bien, lo que es una maravilla para el universo y sus alrededores.

Así que tenerla por aquí no es, a priori, nada negativo ni digno de llanto (espero que el destino no se ocupará de hacer que me coma con patatas esta afirmación).

Y ahora, algo todavía mejor…

Gros bisous,
J.