He decidido no volver a preocuparme por nadie más. Total, no sirve para nada y la gente sigue haciendo idioteces malgré tout. Pues vale. Yo también lo hago, cuando algo me ofusca o me obsesiona, no hago casi de nada, así que… lo comido por lo servido. La gracia está en si me podré contener cuando todo se tuerza y no diré el famoso “te lo dije…”.

Ahora, lo que me ha puesto de mal humor por un breve instante. RLF, la joven dama que me pide consejo, me ha despertado a las 9 de la mañana este domingo dominguero para consultarme una duda. Como tengo el teléfono móvil activado para que se conecte solo a las 8, la llamada ha entrado a todo volumen. Hoy, que me apetecía dormir y vaguear un rato. ¿Pero que hacía ella despierta a las nueve y pensando en golferías liberales en lugar de ir a misa, por ejemplo?

En fin. Parte positiva, he desayunado con una buena noticia. No tendré que tutelarla, sólo aconsejarla en cuestiones puntuales. Excelente. Lo divertido es que lo que más curiosidad le inspira está fuera de su alcance geográfico, y lo local no le atrae demasiado. Simplemente maravilloso, fantástico, estupendo: en dos palabras: menos riesgos. Parte negativa: está entusiasmada (y es joven mala combinación… por suerte tiene bastante sentido común, aunque, en mi modesta experiencia, el ser humano es sensato de manera inversamente proporcional al nivel de su entusiasmo: cuanto más de uno, menos de lo otro). Confío en que sea consciente de que yo no hago milagros ni enseño secretos ocultos. Ni que yo fuera el Robert Langdon del mundo liberal…

Además, sólo serán cuestiones puntuales y yo tengo mi agenda felizmente complicada con mi vida clarita y mi vida oscura, así que no me pudo liar más ni queriendo. Todo bajo control.

Gros bisous,
P.