Una joven dama que conozco desde hace mucho me ha pedido ser mi “hija oscura”. Me he sentido perplejo, porque, por un lado, ella tiene unos conocimientos sexuales parejos a los míos, mayores en unos campos, menores en otros; y por otro, porque es de sobra conocido que yo ya no hago de “padre oscuro” de nadie. Ya tuve bastante con B.

Sin embargo, me ha dado buenos y poderosos motivos para alterar esta norma como para dudar al menos un poco. En fin, me lo tenía que pensar, y así se lo he dicho. Esta tarde he tenido una idea, que le he transmitido. No, no voy a ser su padre oscuro. Sí, sí puedo introducirla en algunas partes de mi mundo que a ella le atraen y acompañarla en la exploración de alguna otra. Pero, por supuesto, todo eso tiene un precio. Yo no soy una ONG. Soy bueno, pero no tonto.

Mi sorpresa, la verdad, ha venido cuando ella me ha replicado que le parece bien mi idea. Total, ya contaba con tener que pagar ese precio.

Me temo que mi “alumna” es más lista que yo. Esto va a ser divertido.

Gros bisous,
P.