Hoy la Loba y yo habíamos quedado, aunque, por fortuna, sin un plan claro. Apenas unos retazos, unas pocas ideas y muchas ganas. Por los imponderables del destino (es decir, el viejo “jodete por capullo”), la cita se ha ido al garete, como nos íbamos temiendo ambos. No importa, mañana será otro día. O pasado.

A media tarde, Kerry se ha metido en un lío que podía haber terminado mal para ella. Con algo de suerte y mi labia, lo he evitado. Y yo, que lo he hecho sin más intención que evitar que mi rubia favorita se metiera en una camisa de trece varas, he recibido un premio doble sin pedirlo: por un lado, la Loba ya tenemos lugar de encuentro; por el otro, mi querida rubia me ha hecho un favor al demostrarme que necesito una puesta a punto en un frenético encuentro lujurioso y, luego, a traición, llevándome de compras con ella (no te lo perdonaré jamás!).

En fin, que parece que vuelvo a tener esa extraña habilidad para enlazar golpes de suerte…

Gros bisous,
P.