Tras cumplir con las tradiciones del día del libro y de la rosa, y tras hacer un poco el capullo, he estado esta tarde con Kerry, viendo una película y comiendo palomitas. Hemos charlado a fondo y al final, medio en broma, medio en serio, ella me ha preguntado:

-Oye, no vamos a follar ni siquiera un poquito? La puntita, nada más…

Y hemos empezado a hacernos mimos y tonterías varias hasta que, de repente, me ha mirado a los ojos y ha dicho:

-Suerte que me estoy mojando y poniendo cachonda con la tontería, porque por un momento, casi te miro como a un amigo.

Creo que primero me he quedado blanco, luego rojo y al final blanco tirando a transparente. Ella ha soltado una carcajada pero yo, lo juro, seguía serio. Ni sus besos ni sus mimos me han terminado de quitar el susto. Pero, ah, milagro, cuando el sujetador ha caído y me he reencontrado con esos bellos pechos suyos, he vuelto a ser un animal ronroneador…

Amigo, que palabra tan odiosa, tan cruel, tan hijadelagranpu…

Hemos follado a ráfagas, con grandes descansos que empleábamos en ir a la cocina a picar algo o en tumbarnos desnudos en el sofá a ver un rato la tele hasta que nos volvían las ganas y empezaban los juegos de nuevo. Es curioso lo que me llega a distraer tener a una mujer desnuda cerca.

Las carcajadas han sido geniales cuando a eso de las siete me pregunta si quiero cenar. “Algo pronto, diría yo”, le he contestado. Mejor, ha replicado, así nos queda más tiempo para seguir follando.

Si es que tengo que quererla por esa mente guarra suya…

Gros bisous,
J.