Este mundo oscuro mío es de lo más extraño en algunas ocasiones. Ha comenzado como casi todos, salvo por un despiste que me ha hecho adelantar el reloj una hora. Ha tenido sus ventajas, porque he podido persuadir a una dama, Lady J., para que se pervirtiera un poco, en beneficio suyo. Lo irónico es que he terminado yo también disfrutando de manera imprevista con ella, pero sin ella.

Por partes.

Lady J. tiene un nuevo amigo liberal, tras todos los disgustos pasados. Este, a su vez, tiene una amiga con contactos por todas partes (Jotaaa, presentamelaaa!!!), y le ha invitado a una fiesta liberal especial. Él se ha puesto en contacto con Lady J para ello y ella me ha pedido consejo, algo estupefacta.

En resumen: la fiesta, en petit comité (mi especialidad), con unos doce participantes, a las 9.30 am (what the fuck?) en una casa remodelada del casco antiguo barcelonés. Atuendo callejero, sin llegar a un estado tirado o lamentable. con ropas de diario, por así decirlo, para añadir un morbo encantador al asunto en sus comienzos.

Ella dudaba, porque la hora era del todo menos oportuna, obviamente. Y me pide consejo. A mí. Igual de sensato que cuando Fausto se puso a regatear con Mefistófeles. Yo le he dicho la verdad: “¿Te apetece? Pues ya sabes. Yo iría. ¿El trabajo? Tienes secretaria, por una vez DE-LE-GA”. La dama se ha picado (soy irresistible a veces) y ha dicho que vale, pero… no tenia a su marido a mano ni él se podía escapar. Y, con una maléfica caída de párpados, se me ha quedado mirando…

“Me hace falta un acompañante”.

En circunstancias normales hubiera dicho “mierda, pues no puedes ir”. Pero, dado lo insólito de la propuesta (la hora, el lugar, la precipitación), se han sumado dos sentimientos contradictorios en mi pecho. Por un lado, el morbo de ver que clase de fiesta sería y que tipo de gente iría. Por otro, ese lado protector que ella me inspira a veces (cuando no tengo ganas de estrangularla, dentro de esta relación bipolar nuestra).

“Eso sí, si vienes conmigo, tú por tu lado y yo por el mío”.

Le hubiera comido el coño a cucharadas de puro alivio, lo juro. Y cucharadas soperas, para más detalle.

Luego me he mirado al espejo y he dicho: “Dios, no podemos ir así… tú pareces Barbie Gimnasio y yo el hermano tonto de Ken”. La colleja me ha puesto en movimiento así que, ya puestos, hemos hecho una “pella”, aunque no escolar.

Ha sido raro saltarme mi jornada laboral, y más con ella al lado. Más todavía para ir a una fiesta en horario tan intempestivo (joder, las 9.30 am intempestivo… pues sí, para este tipo de fiesta sí).

Cuando hemos llegado y hemos visto el panorama, ella se ha temido un desastre y yo he visto la oportunidad para un soberano éxito. Más o menos ambos hemos tenido razón.

Gros bisous,
P.