Esta mediodía, por petición de mon père noir, he quedado para tomar un café con François (Fransuá para los amigos). Y en esa tesitura estaba yo cuando he conocido a una mujer impresionante, al nivel de Maman y de la Dama de los Pies Fríos. Hemos charlado, lo que ha fastidiado a François, porque le he ignorado en gran medida por motivos doblemente obvios.

En resumen, yo he cumplido con mi parte del trato (he hablado con François) sin comprometerme a nada (prometí charlar con el, nada más), así que me he librado de tener que hacer de niñera de nadie y he practicado el noble arte de decir “no”.

En lo que a la dama se refiere, poco puedo decir, salvo por lo que hemos hablado. me ha parecido una mujer de mundo, experimentada, segura de sí misma y con una cierta arrogancia mezclada con una refrescante sencillez. Y que me ha encantado. Pero, aparte de eso, nada mas. No sé nada más.

A ver si mon père noir me puede iluminar un poco estas tinieblas…

Gros bisous,
P.