CS quiere presentarme a una amiga (liberal) suya. No me ha explicado demasiado (los dos íbamos con prisa), por lo que poco puedo decir. La amiga es más joven que nosotros, y está buscando como una loca un “madurito” de confianza. Lógicamente, CS ha pensado en mí. Porque, no le cabe duda, su amiga me va a encantar.

Eso de ser “de confianza” me hace sentirme una especie de electrodoméstico. ¿Tendré garantía?

Ahora en serio. Todo esto me provoca una cierta curiosidad (¿una amiga que quiere conocerme? ¡Ñam!), perplejidad (siento un cierto déjà vu), extrañeza (cómo sabes que me va a gustar…) y cautela (defíneme que entiendes por “más joven”…) que me hacen estar, a la vez, interesado y precavido ante todo este asunto.

Gros bisous,
P.