Ayer por la tarde comenzó una velada de lo más intensa que se extendió hasta la medianoche. Dicho así, en este contexto, siendo yo el que escribe esto, el lector o lectora se imaginará una sesión sexual maratoniana.

Nada más lejos de la realidad. Al menos por la mañana me follé a una de mis perversiones sexuales favoritas: nunca más, con una vez tuve suficiente. No fue mal, en cierto modo superó mis expectativas más demenciales y lujuriosas pero, como me temía, el morbo era de un solo uso.

Por la tarde tuve una reunión familiar. Sí, una de esas que yo suelo evitar con el mismo entusiasmo con el que Satanás rehuye pisar una iglesia. ¿Qué pintaba yo allí? Digamos que tuve una conversación telefónica con mi tía favorita (mi tieta) y se me encendieron todas las alarmas: tuve la sensación de que tenía que ir para intentar evitar un desastre. Parte positiva de esto: acerté con mis intuiciones (que iba a pasar algo malo y que yo no podría evitarlo). Parte negativa: que aún sabiendo que iba a ser una experiencia altamente desagradable, me presenté allí porque la tieta podía necesitar mi apoyo (que demonios, una pelea familiar siempre es divertida!!!), y que el desastre fue mayor de lo que yo me esperaba y temía.

Resumiendo. Yo esperaba que iba a ser algo desagradable, pero en realidad fue cataclísmico. En esa parte de mi familia siempre han habido cuentas pendientes y ayer estallaron (no se todas, pero al menos unas cuantas). Cuando llegué, lo que fuera que desató las pasiones había ya tenido lugar, pero se habían calmado los ánimos. Todo siguió con una cierta calma, tensa como los instantes previos al comienzo de una batalla, calma en la que la tormenta se fue congregando, de manera que estuve presente cuando la tieta al final soltó los perros de la guerra y, en pocas palabras, lo que llevaba unas cuantas décadas durmiendo el sueño de los justos saltó a la luz del día (bueno, de la noche, que era ya noche entrada cuando estalló la bomba, tras varias horas de escaramuzas).

En fin, que ayer me enteré de cosas que no necesitaba saber, que estuve en un trís de ser expulsado de una familia de la que, por motivos de salud mental propia, sólo soy un visitante ocasional (tendría su gracia, sin lugar a dudas) junto con la tieta y que, sin lugar a dudas, la próxima reunión familiar será de todo menos aburrida. Suerte que no será antes de Navidad.

Gros bisous,
P.