A eso de las tres de la tarde de ayer me llegó un mensaje de CS preguntándome qué planes tenía para la tarde. “Ninguno”, le he dicho. “Error”, me ha replicado, “ya tienes: pasar la tarde conmigo”. Si no hubiera sido ella, si se hubiera tratado de otra persona, por los humores que me inflaman en estos extraños días míos, me hubiera tomado su sugerencia como una orden y mi reacción hubiera sido otra. Sí, a veces soy muy idiota (veo a la Dama de los Pies Fríos alzando una cerveza y gritando “Fuck yeah! Lo eres!!!” con AC/DC de fondo).

Nos reunímos en el más insólito de los lugares, su puesto de trabajo, lo que se me antojó una temeridad absurda e innecesaria por su parte… pero morbosilla. Así que ya puestos… “Maloseamos” un poco, hasta que la dama me amenazó con cortarme las manos, y a partir de ahí opté por ser bueno, discreto y esperarla fuera. Y del su trabajo marchamos a nuestro lugar de encuentro. Mi primera sorpresa.

El lugar del encuentro: su casa. Mi regla de oro (nada de casas, ni propias ni ajenas) se fue ahí mismo al garete. Estupendo. No tuve tiempo ni ocasión de protestar, pues la muy ladina me confesó el “pecado” mientras nos despojábamos de la ropa a besos. No era el momento ni el lugar de poner pegas. Y menos con sus pezones en mi boca.

Ayer me enamoré de su culo. De ese portentoso culo suyo que tiene una resistencia fascinante a todos mis embites y azotes. Es un culo redondo, perfectamente redondo, suave al tacto, duro al agarre, un culo que pide ser azotado, mordido, arañado, penetrado, besado, lamido y más todavía. En mi vida había dado un beso negro con tantas ganas como se lo dío a ella. Ese culo me tiene loco. Y exhausto.

Luego está la endiablada personalidad de ella, que me hace sentir como un ratón frente a un gato muy voraz. Así que el deseo que me inspira se ve compensado con una inexplicable necesidad de, mientras estemos vestidos, tener cuidado con todo lo que hago y digo, y lo mismo por ella. Pero una vez desnudos… entonces el peligro desaparece y sólo hay una diosa desnuda ante mis incrédulos ojos. Tal vez sea la seguridad que emana, esa calma absoluta la que me inquieta.

Pero ayer se ha equivocó. Además de la tarde, hemos pasado la noche juntos.

Gros bisous,
J.