A falta de unas horas para el sevillanaje, me he quitado a Francois de encima. A tenor de todo el surrealismo que ha marcado todo este tiempo, simplemente no lo quiero tener que soportar. Que alivio.

Lo de ayer acabó un poco mal pero, a la vez, muy bien. Dejé a la pareja porque la segunda parte del encuentro no pintaba bien, así que me despedí de la mejor de las maneras y acabé en compañía de una gran mujer con la que estuve de charleo y cerveceo, una de esas charlas que me hace tanto bien, como el abrazo de despedida. Abrazos, darme abrazos.

Y hoy llega ella. Me muero de ganas de verla, porque son incapaz de recordar la última vez que estuvimos juntos. Su visita va a provocar que tenga que hacer un pequeño encaje de bolillos tras otro, pero nada que no pueda manejar.

La Dama de los Pies Fríos… qué puedo decir de ella… que toca esa fibra interna mía que pocas personas lograr entrever, que en ocasiones hace las veces de un sentido común externo que me pone las cosas en perspectiva, que hace que me pueda relajar y olvidarme del papel que represento de cara al mundo. Me inquieta, me hace pensar, me fuerza a mirarme al espejo y a sonrojarme cuando procede. Y a veces me descoloca y me quedo ronroneando…

Me gusta su fortaleza, su determinación y su coherencia, aunque a veces me desespera su tozudería…

Esto parece una de mis redacciones de colegio…

Gros bisous,
J.