Una vez más Maman se las ingenió para liarme y tenerme completamente confundido con respecto a la fiesta. Que si los famosos 20 invitados por cada uno de mis años cumplidos, que si pastel con sorpresa, que si diez strippers del mejor club de… humo todo.

Parte positiva del engaño? Que la verdadera fiesta me pilló por sorpresa y la disfruté el doble. Parte negativa? Que estoy molesto conmigo mismo por ser a veces tan crédulo.

Al final los invitados se redujeron a unos cuarenta, lo que me supuso un alivio inmediato (odio las masas), aunque aún quedaba la cuestión de andar con tacones. Así que opté por seguir los consejos de JP y olvidarme de mi sentido del ridículo y del común, que es el menos común de todos los sentidos.

También es cierto que ambos sentidos no hubieran durado mucho, porque entre los brindis con aquellos, los brindis con aquellos, un chupito por mami, otro por papi, cuando la fiesta pasó a su lado sexual yo ya llevaba una considerable “alegría etílica” en el cuerpo (prueba de ello es la resaca que hoy tengo).

El “todos contra todos” suele inquietarme porque siempre me dudo en sus primeros momentos de caos, pero ayer fue diferente, por la borrachera que yo llevaba, por los empujones de JP y por las cabronadas de mi anglocabrona favorita, que me puso a tono en un plis plas.

Tuve el placer de compartir lecho con una dama norteamericana muy cuqui (tú seguro que me entiendes, y mi ahijada también), a la que, una vez a cuatro patas, se le acabó la tontería; con una francesa de risa fácil; y con una española a la que le hubiera ido bien tener un mando a distancia con la que bajarle el volúmen, pues era muy escandalosa (se hizo perdonar, no pasa nada).

En uno de los descansos, me puse a cantar con JP (que mal me sienta el alcohol, por favor). Recuerdo que cantábamos algo como “ebenu shalom alejen”, entaconados ambos. Creo que es una de esas pocas veces en la que me fastidia la regla de prohibir móviles y cualquier equipo con capacidad grabadora, porque, en mi modesta opinión, enturbiada por el alcohol, el humo (ay, Dama de los Pies Fríos, lo que fumé anoche), el cansancio y la falta de sueño, a lo mejor, tal vez, fuera menos gloriosa de lo que mi memoria se piensa. ¡¡¡Pero lo que me divertí haciendo el burro!!!! Creo que batí mi record de culos azotados, pero no lo digo seguro.

Luego, en petit comité con los míos, se organizó una cama redonda en la que se mezclaron galos y romanos, y yo me lo pasé en grande con N. y P., con JP y con mi anglocabrona, a la que ajusté las cuentas analmente por todas sus gamberradas anteriores.

En fin, que a eso de la cuatro me fui a dormir. O mejor dicho, me dejé caer en lo primero con pinta de cama que me encontré.

Y hoy me he despertado dispuesto a pasar cuentas con Maman, a la que no me pude dedicar anoche, por compromisos varios de cada uno. Vengativo que es uno…

Gros bisous,
J.