Maman me ha organizado por fin mi fiesta de cumpleaños, de la que no puedo decir gran cosa porque lo tengo prohibido y firmado por escrito. Por el momento diré que hay 20 invitados por cada año que cumplo (suerte que no soy Matusalen) y, como homenajeado, siento una cierta presión ante la mezcla de gente, de idiomas, de colores, de pesos y de alturas.

La parte positiva de todo esto es que estoy rodeado por mi gente (Maman, mon père noir, N. y P., mi anglocabrona favorita y mi lord favorito, y el maravilloso JP) y me siento fantásticamente bien, y que ya me he llevado un par de magnificas sorpresas, como conocer a las dos partenaires de JP y eso que la fiesta aún no ha empezado.

Lo que no tengo tan claro es cómo narices voy a caminar con estas botas de taconazo altísimo, con estos pantalones de cuero requete ajustados (casi me tengo que dejar el paquete fuera para meterme dentro de los mismos) y esta camisa transparente. No sé que parezco, pero me gusta. Eso sí, como pierda el equilibrio, la hostia va a ser de las grandes. Que ganas tienen algunas de tentar al peligro…

Ah, me han pintado un lunar en la cara para “borrartelo luego a lametazos”. Que locas todas… Con los ojos silueteados, las lentillas y estos tacones parezco el faraón de las locas, realmente. Pues nada, me voy a practicar el caminar con tacones.

No hace falta decir que te añoro, cari.

Gros bisous,
J.