Otra cita express. Esta vez todo ha ido bien desde el mismo comienzo. Nada de esperas, nada de trapos calientes. Ha habido feeling, complicidad, sentido del humor y dos seres humanos de acuerdo en los principios básicos.

Así que no tendré que partirle las piernas a François. Bien. Podemos seguir con el experimento. Pero, por favor, que llamen con más previsión.

La dama ha sido clara desde el comienzo explicando lo que quería y admitiendo sus propias flaquezas y debilidades, así como sus dudas sobre que yo fuera lo que ella cree que es un compañero de juegos (amante, follamigo, etc). Al final de la conversación ha confesado que posiblemente yo esté cerca de lo que desea encontrar, y que merece la pena descubrirlo.

Sinceramente, yo también he tenido mis dudas, porque, aunque su mente está perfectamente en su sitio y no divagaba, cuanto más la miraba más tenía la sensación de estar frente a una perfecta ama de casa y no frente a una mujer liberal.

Tenía ese curioso sentimiento de estar en una tierra extraña en la que la imagen que entraba por mis ojos no se correspondía con las ideas que me transmitían sus palabras. Y, lo confieso, esa contradicción ha terminado por atraerme mucho, porque tenía delante de mis narices a una mujer. Perdón. Mujer. Ahora sí.

La única pega es que no hayamos podido estar más horas de charla.

Gros bisous,
P.