Mañana empiezo la Grand Semaine: catorce citas en siete días. Y la parte más encantadora es que, de esas catorce citas, diez no tienen ni día ni hora aún, sólo está enmarcadas en los siete días próximos. Creo que, sinceramente, no había tenido tanta agitación liberal en toda mi peculiar existencia.

De esas catorce sólo dos son sexuales, el resto es para conocer a una pléyade de damas. Teniendo en cuenta que de las catorce hijas de Eva sólo conozco bien a una y ligeramente a otra (curiosamente, con las que los encuentros pasarán por la cama), el resto es una especie de ruleta rusa eroticofestiva, cortesía de un caballero francés, al que llamaré Francois, que, por el momento atesora la distinción de no dejarme indiferente con sus proyectos. Complacido ya es otro cantar…

Lo divertido será encajar los doce encuentros restantes, porque jueves y viernes por la tarde están comprometidos por motivos ajenos a mi vida oscura.

Y por qué he aceptado meterme en semejante embrollo? Porque hace mucho tiempo, demasiado para mi gusto, que no cometo una excentricidad.

Que me sea leve.

Gros bisous,
J.