Aún no me he ido a dormir y no creo que lo haga ya. Anoche recibí una llamada de una antigua conocida, que prefiere permanecer en el anonimato, y he pasado la noche con ella en uno de nuestros viejos “refugios”.

Es curioso como, a pesar de las diferencias que nos separaron en el pasado, el entendimiento y el deseo surgieron de inmediato y nos hemos pasado toda la ncohe en los brazos el uno del otro. Es lo bueno de estar con una persona con la que la compenetración es simple y sencilla, lo que me hace pensar en otro tema que traté hacer unas horas, casi parece hace cinco minutos.

El vicio, el deseo, el sexo, todo eso es lo que nos une. Así, dejando estos ters pilares levantando la estructura, así podemos estar. De otra manera, ya lo vimos, es imposible. Pero en la cama funcionamos de maravilla. Me he dado cuena de que a ella es a la única mujer a la que permito que juegue con mi culo como ella lo hace. Que otras exploren y se acerquen, vale, pero a ella, sólo a ella, le dejo adentrarse tanto. Tal vez a R., mi británica loca, le permito algo parecido. Hablando de culos, ella ha desarrollado una pasión por el sexo anal y una capacidad “absorbedora” que me ha vuelto loco.

Estuvimos hablando y hablando y hablando una hora y dos, no se, no miré el reloj. Yo no estaba precisamente en el más dialogador de los modos, no por ansia sexual, sino por otros motivos, y al llegar, pese a la brisa que me refrescó el rostro por el camino, estaba aún algo irritado. Por suerte, su peculiar manera de ser acabó haciendome reir. Al final, todo mi mal humor se convirtió en humo (Dama de los Pies Fríos approves, seguro). Relajado y cenado (un pequeño tentempié), hacia la una de la mañana comenzaron los juegos, que siguieron, con diversas paradas, momentos para la charla y otros para los mimos, hasta hace un par de horas cuando al final, agotados, nos detuvimos. Ella ha dormido algo, yo no he podido. No tengo sueño.

Ahora, en casa, dudo de si tomarme un café en taza o directamente en vena. En fin…

Gros bisous,
P.