Hoy me han hecho una pregunta curiosa. No suelen faltar los y las que me preguntan con cuantas mujeres he tenido relaciones sexuales (últimamente contesto “para contarlas me basta la mano de las pajas y me sobran ocho dedos“… sí, mi sentido del humor cada vez degenera más, lo siento mucho, prometo esmerarme en mi próxima vida… o en la siguiente). Es algo que suele salir de tanto en tanto en una conversación, sobre todo si la otra parte contratante de la primera parte sabe que soy liberal.

Pero no hoy. Hoy la pregunta ha sido “¿De que países eran?”. Entonces he dicho que el grueso son, seguramente, europeas, sobre todo españolas (en un 90% catalanas, seguidos de lejos por las andaluzas y alguna castellana cariñosa; vascas no -todo el mundo sabe que los vascos no follan, se reproducen por esporas, sean o no de Bilbao), seguidas por las francesas, y luego por británicas y alemanas. Pensando un poco más, tengo que añadir a estas a algunas italianas, a unas cuantas norteamericanas, algunas rusas, un par de brasileñas (y las dos con las tetas operadas, que coincidencia tan… curiosa), una argelina (de los peores polvos de mi vida, por Alá), y una ucraniana.

Y a una japonesa (follar, lo que se dice follar… poco, pero lo que me llegué a reír con ella…).

Y a una iraní (la recuerdo con nostalgia, porque ella era, entera, un fetiche andante).

Y a una luxemburgesa (para cuando terminó de decirme de dónde era ya nos estábamos vistiendo).

Y a una danesa. O noruega. Bueno, a una escandinava, y punto.

Mujeres todas, eso es lo que cuenta, al final.

¿Cuál es mi nacionalidad favorita? Pues muy fácil. Mi nacionalidad favorita es la de aquella que se lo pasan y me lo hacen pasar bien en la cama.

Gros bisous,
P.