Hoy me he enterado de un caso curioso, el segundo que me explican en poco tiempo. Un liberal francés, autodefinido como fucker (traducción: simplificando, un follador, alguien para el que sólo existe el sexo y las relaciones personales quedan en segundo o tercer lugar), orgulloso de no tener lazos emocionales con nadie hasta el día de hoy, anda llorando por las esquinas y rincones de su ciudad porque una de sus amantes le ha dicho “adiós, ha sido un placer“. El pobre se había enamorado, ya ves tú que cosa. Lo mismo que el primer caso, español este, un poco más ridículo, eso sí.

Cosas como estas me hacen preguntarme si alguna vez puedo caer tan bajo de ir lamentándome por la vida como un Werther cualquiera e ir perdiendo la dignidad por lugares ignotos e innombrables (si hay que perderla, que sea por una buena causa, por favor). Espero que no, la verdad. Bueno, ya dije que, hará un año o así, me medio atonté por una dama que, gracias a Dios, no me hizo ni caso. Yo, al menos, me la follé, algo bueno que saqué de toda la experiencia, además de algún café que tomé con ella y las lecciones que aprendí tratándola, siendo la principal la de “si se rodea de idiotas, puede que sea como ellos, aléjate”.

A ver, que no es malo enamorarse, pero no queda serio si te vendes como un tío duro y sin sentimientos y, de la noche a la mañana, Cupido te vuelve más flojo que Topoyiyo. En fin, cosas de la vida.

Gros bisous,
P.