Faltando casi tres horas y media para que se acaba este primer día de marzo, ha sido una jornada en la que ha abundado el “no pasa nada”. Sólo algunos momentos, como los pasados con la Dama de los Pies Fríos o mi conversación con la Mujer de Agua, salvan este miércoles.

En general, ha sido un día que, más que transcurrir, se ha dejado ir. Eso sí, ha sucedido algo que me ha encantado.

Tomando una cerveza con la Dama de los Pies Fríos, un amigo de ella se ha sentado con nosotros y hemos charlado un rato. A través de algo que le ha pasado a ella hoy, algo que guardo un curioso paralelo con mi propio pasado, la Dama de los Pies Fríos le ha contado a su amigo, tras pedirme permiso y yo dárselo de buen grado, algunas de mis experiencias liberales, como la orgía parisina de este fin de semana pasado.

Y me ha gustado mucho la naturalidad con la que le hemos explicado esas experiencias y con la que él ha escuchado y asimilado lo que escuchaba. Por fin me encuentro a alguien que no se ruboriza hasta las orejas por una falsa moralidad ajena.

Gros bisous,
P.