A estas alturas de la vida debería de estar curtido y no sorprenderme demasiado cuando algunas personas me decepcionan. En espacio de un mes escaso, dos personas han caído hasta el lodazal del desengaño cuando he podido ver detrás de sus máscaras. Y me siento mal, pura y simplemente porque no puedo seguir viendo a esa gente como antes, porque todo lo que hacen queda teñido por la lucidez que aporta la nueva luz con la que sus actos les iluminan.

Y en ambos casos veo lo mismo: inseguridad, cobardía, complejos de inferioridad.

Que triste todo.

Esta mediodía, por cierto, he estado charlando y tomando algo con Kerry. Es agradable saber de ella y verla bien, aunque el concepto de “discreción” parece resbalarle un poco en algunas cuestiones. Seguimos siendo amigos, y por el momento, con eso basta.

Gros bisous,
P.