El día de hoy (el de ayer, mientras escribo esto) ha sido tirando a raro. Por momentos estresantes, en otros relajado y adormecido. La entrevista de trabajo fue bien pero acabé por rechazar la oferta, pues no me convencía. La vida sigue. A partir de ahí, todo el día ha ido a un ritmo de sutil lentitud.

Me he quitado de encima una rémora del pasado y me he sorprendido de que existan personas incapaces no ya de aprender de sus errores, sino de entender las razones ajenas más básicas. No es mi problema, sino el suyo.

He decidido dividir mi agenda en dos. Una parte que transcurrirá al ritmo normal y en la que centraré mis esfuerzos. Otra, para las que necesiten una mayor lentitud… para tenerlas ahí, en reserva, como flores en un invernadero, para observarlas, por si eclosionan algún día.

Mañana tengo un cita con una dama que me interesa mucho. Espero grandes cosas de esa cita cafetera.

Gros bisous,
P.