Estas damas empiezan a arrancarme sonrisas varias. La segunda cita que tengo para tomar café con una de ellas y que, en lugar de mis horarios más habituales, transcurre por la mañana (que semana tan extraña la mía). Ah, las ventajas de tener cafeterías cerca de los colegios de los niños. Discretamente indiscreto, con un punto temerario. Bien, ella sabrá.

Hemos tenido una conversación que se ha transformado en un encontronazo, cuando le he dejado claro que ella es una mujer infiel, que no liberal. Liberal implica estar libre, y ella no lo está. Ella ha replicado que yo no soy nadie para definir como ella se siente y yo le he contestado que ella no puede evitar que yo tenga opiniones y pensamientos propias. Lo que ella sienta no cambia lo que yo percibo.

Pese a este incidente, hemos empatizado bastante bien. A diferentes niveles, ambos buscamos lo mismo, disfrutar de la vida. Su estado civil no me concierne; es su problema, no el mío. De hecho, simplifica las cosas y aleja el peligro de un indeseado enamoramiento. Ella tiene a su marido y yo tengo mis reglas. Todos tan felices.

Por lo que aparenta, creo que he conocido a una gran hedonista.

Gros bisous,
P.