Ayer Kerry decidió marcharse de mi vida de manera harto inesperada e incomprensible. Quizás mañana escribiré sobre ello, hoy con decir esto basta. Simplemente he pasado página y no tengo tiempo para perderlo volviendo atrás.

También ayer me llevé una sorpresa encantadora cuando me enteré de que un barcelonés liberal participó en la última fiesta liberal en la que participé en París. Ah, las coincidencias.

Mientras tanto mi hater, aquel que juró que se alegraba de perderme de vista, ayer volvió a buscar su minuto de gloria a mi costa. Me pregunto qué clase de enfermedad debe sufrir para estar espiándome dos años después de que proclamara en este mismo blog que se alegraba de sacarme de su vida. Debe de tener mala memoria o mucha nostalgia para estar espiándome cada día. O una vida muy vacía.

Si yo tuviera la miserable vida sexual que él sufre, yo también estaría amargado como él.

Gros bisous
P.