El alivio que mis últimas decisiones me ha traído no se está traduciendo en nada tangible. Bueno, hasta que no recupere mis horarios normales y mis horas de descanso habituales,  el stress que me ahorro por un lado me viene por otro. En fin, será cuestión de armarse de paciencia.

Mon père noir me ha puesto en contacto con un caballero francés, que, al parecer, necesita algún tipo de consejo sobre el mundo liberal barcelonés. Que yo haya sido escogido para tal propósito me hace pensar en Hamlet y su famoso…

El mundo está fuera de quicio!…!Oh suerte maldita!…!Que haya nacido yo para ponerlo en orden! (Acto I, Escena V)

…, a la par que me arranca una maliciosa sonrisa.

(Mientras escribo esto mi sonrisa está dibujada permanentemente en mis labios al saber que la Dama de los Pies Fríos está disfrutando de una gran fiesta en uno de mis clubs liberales favoritos).

Bueno, ya veremos qué puedo hacer por ayudar al caballero.

Hace un rato que he vuelto a tener noticias de Marianne. Su persistencia me conmueve… los intestinos. Bien, no seré yo quien la disuada en su búsqueda de la bondad suprema ni en demostrarme que ha cambiado. Otra cosa es que eso me interese, pero en fin…

Gros bisous,
P.