Creo que el subtitulo de esta entrada podría ser “Crónica de una tontería anunciada”. Lady S. y su pareja han llegado con una sorpresa. Bien. Yo he acudido a la cita con otra. Bien. Yo albergaba unas cuantas dudas sobre la pareja de Lady S. y tampoco tenía claro que mi sorpresa fuera a ser de su agrado. Además, no me gustan las sorpresas (todo cuanto no puedo controlar, preveer o intuir me produce una desagradable sensación de incomodidad).

Obviamente, dicho así, todo pintaba muy mal. Y pronto se puso peor…

Los planes originales era que Lady S., su pareja y yo íbamos a hacer un trío. En algún momento de las últimas 48 horas, mediante un conocido de ella y desconocido para mí, Lady S. invitó a una chica para que me hiciera de pareja y tuviéramos un intercambio, pues ella, me lo ha confesado, tampoco se fiaba demasiado de su pareja.

Yo, que tampoco lo hacía, he tenido un momento de inspiración e invitado a Kerry al trío, aunque no contaba con que aceptada. Supongo que esto es una demostración mas de que este evento ha sido de todo menos predecible, porque la dama aceptó.

Tras recoger a la pareja en el aeropuerto, nos fuimos al lugar de encuentro donde nuestras sorpresas nos esperarían, para gran diversión de Lady S. y mía, por nuestros respectivos motivos. Y ahí ha llegado la sorpresa. El Gran Premio.

La pareja de ella, hechas las presentaciones, pese a la belleza de las dos damas invitadas y a las de su señora esposa, se excusó y optó por irse de vuelta a su hotel. Como excusa ha aducido que él, la verdad, no siente curiosidad alguna por tener experiencias liberales pero que no pone pegas a que su pareja las tenga. dicho esto, se ha marchado.

Renuncio a explicar la cara de pasmo de su pareja, la de las dos invitadas y la mía. Resumiré todo diciendo que, durante un par de segundos, he considerado seriamente romperle la botella de cava que nos acababan de servir en su cabeza de chorlito. Como la botella no tenía la culpa, he pensado que sería mejor calmarle a golpes de bate de beisbol pero, desafortunadamente, no tenía yo ninguno a mano.

Así ha sido como, al marcharse el tarugo este, me he encontrado a “solas” con tres mujeres, dudando entre dar gracias a mi Creador por semejante fortuna o de pedir al camarero que me pellizcara para comprobar que no estaba soñando.

Al final he optado por dar las gracias y no salir de dudas porque, si esto es un sueño. el que me despierte se muere de la paliza que le pego.

Gros bisous,
P.