Con Kerry en Berlin me siento extrañamente aliviado y solo, lo que no deja de inquietarme. Una cosa es que yo sea contradictorio y desconcertante en ocasiones para los demás, y otra muy distinta que me descoloque yo mismo. En fin, soy así a veces.

Esta mañana creo que he rozado meter la pata un par de veces con una dama a la que adoro. En cuanto pueda salgo de dudas.

Por otra parte, la bella e inteligente (y siempre achuchable) Dama de los Pies Fríos, con una reflexión suya me ha provocado un escalofrío que me ha conllevado un aflojamiento considerable de mi oscuro ojo de Saurón (en román paladino, casi hace que me cague de miedo): me ha hecho ver una inquietante posibilidad respecto a otra dama (a dos, de hecho). En la parte que me toca ya me he puesto en camino de solucionar tal enigma. A ver que me responden.

Que la dueña de los pies más gélidos en esta orilla del Mediterráneo haya visto eso y yo no me resulta todavía más inquietante, desconcertante y, sobre todo, irritante.

Gros bisous,
P.