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Anastasia es una dama que, entre sus variados encantos, figura un culo delicioso, de nalgas redondas y casi perfectas, que piden ser azotadas con cierta dureza hasta enrojecer las mejillas de la dama.

Entre las fantasías que de tanto en tanto cruzan mi mente figura el ponerla a cuatro patas frente a un espejo. Vestida con un peto, completamente abrochado, salvo por la parte inferior, para favorecer la libertad de movimiento de sus piernas y mi acceso a su culo.

El espejo es vital, por una sencilla razón: porque, mientras follo su culo la sujetaré por el pelo, para que alce la mirada y todo su rostro quede reflejado en el espejo mientras la follo tranquilamente, sin prisa alguna. Quiero ver reflejado en sus ojos lo que pasa por su mente y por su piel, ir descubriendo las sutiles variaciones de su expresión al aumentar yo el ritmo y entrar más profundamente en ella.

Y viendo su cara reflejada aún en el espejo, siento curiosidad por ver la expresión de sus ojos cuando su lengua lama de mis dedos la lefa que habrá rebosado de su culo tras correrme en él.

Gros bisous,
p.