Yo tengo claro que no me casaré nunca. Primero y fundamental porque no sirvo para eso y no quiero hacer infeliz a nadie, empezando por uno mismo. Segundo porque no siento esa urgencia vital que me lleve a necesitar a nadie de manera permanente a mi lado. Tercero porque el matrimonio me parece una institución anquilosada y carente de propósito que sólo necesita un empujón para dejar de ser un obstáculo para que el resto de posibles relaciones de pareja dejen de ser mal vistas o no consideradas tales.

Por eso me siento a medias divertido, a medias perplejo, totalmente asqueado cuando me encuentro con esas mujeres “liberales” que usan el encanto que mora entre sus piernas para buscarse un pobre infeliz al que casar contra, digooooo, con ellas. Oh, entiendo sus razones. Si pusieran, clara y directamente, a la luz del día cuales son sus verdaderas intenciones, los hombres saldrían corriendo en dirección contraria a la suya, lanzando gritos de horror y pánico.

Por supuesto siempre quedarían algunos, ya sea heroicamente determinados a perecer en tan alta misión o simplemente demasiado cansados para correr, pero esos pobres héroes no suelen ser del agrado de las damas casaderas. ¡Oh, que desgracia, que infortunio el suyo!

Lo comprendo, señoras mías. Esos mil instintos que a mí se me escapan, empezando por el de ser madres, os hace ataros de mil amores al yugo matrimonial, y no pocas veces con un hombre que comparte esos nobles y puros impulsos.

He visto demasiadas parejas rotas por la convivencia diaria, una vez se termina el sueño del amor, para creerme ese mito del matrimonio. Y eso sin tener en cuenta las infidelidades varias. Bah, futilidades ellas. De todos modos, como ya he dicho, no estoy hecho para marido, para gran fortuna de esas damas casaderas y placer de todas las otras que no se pierden en tan elevadas honduras.

Como mi dama Rubia, por ejemplo.

¡Ah! Una cosa más.

A todas aquellas personas a las que este alarde de humor negro haya podido ofender… ahí está la puerta. Cierren al salir. Gracias.

Gros bisous,
Yo, un soltero eterno.