Hoy, pese al deseo, nuestros cuerpos han reclamado mimos sin fin. Kerry ha tenido un día duro en el trabajo y yo he tenido que pasar por un trago amargo con una familiar a quien quiero con locura. Por suerte, ha terminado bien al recapacitar ambas partes. Ha bastado con reconocer cuáles son los límites que no se pueden cruzar.

Por toda esa tensión Kerry y yo nos hemos dedicado más a las caricias y a los besos que a otras cosas, pasando sólo a follar hasta mucho después. Hemos jugado mucho, provocando las ganas mútuas para luego volver a abrazarnos y quedarnos quietos.

Tengo el lujo enorme de disfrutar de los abrazos de dos mujeres extraordinarias, como he comprobado esta tarde y luego esta noche. Yo, que me podría quedar la vida entera abrazando y siendo abrazado, gozo enormemente con esas muestras de cariño que son tan grandes para mí.

Gros bisous,

P.