La fiesta de ayer, comparada a su homóloga de comienzos de diciembre, fue más discreta, menos “apabullante” y por completo diferente. Ya por el horario el cambio era notable.

Tras un accidentado viaje, incluído un momento en el que me ví camino de pasar cuentas con mi Creador, llegamos más sobresaltados que otra cosa, pero sanos y salvos, que al final es lo que cuenta.

Tras relajarnos y descansar un poco, nos cambiamos para la fiesta, que comenzó hacia las seis de la tarde. La recepción de los otros invitados, las conversaciones y el reencuentro con viejos conocidos nos mantuvo ocupados durante las dos próximas horas, cuando la orgía dio comienzo.

Yo sabía que el caballero británico que tan bien me cayó en diciembre estaría, pero me sorprendieron cuando apareció la dama, también británica, que protagonizó grandes momentos conmigo hacia el final de aquella orgía. Nuevamente, compartimos una fantástica velada con los dos.

A eso de las nueve hicimos una parada para una cena ligera y regresamos a la fiesta. A partir de ahí todo se aceleró y la diversión y el placer alcanzaron grandes cotas , de manera que hacia las dos de la madrugada me retiré, tras haberme divertido de lo lindo. Kerry, por su parte, se había ido a dormir a eso de la una, Maman y mon Pere Noir a eso de las tres y N. y P. un poco más tarde.

Lo divertido (e inexplicable) fue despertarme con las dos británicas(Kerry y mi amiga)en mi cama.

Luego intentaré escribir mis reflexiones sobre la fiesta.

Gros bisous,
P.