Ayer Kerry asistió, tras muchas dudas, a una fiesta liberal que duró hasta bien entrada la noche. Ella la abandonó cerca de las cuatro de la mañana, tras casi seis horas de disfrute y placer.

Le costó ir, porque como mis planes se habían ido al garete, quería que yo la acompañara, lo que no era aceptable, pues yo no estaba invitado y, aunque no dudo de que ella podría haber persuadido a los organizadores para que aceptaran mi participación, no me parecía de recibo. Era su fiesta, no la mía. Yo ya tendré otras, con y sin ella.

Tras un pequeño resumen de su velada (volveremos sobre el tema, no lo dudo), me ha comentado que conoció a una chica que me quiere presentar. Por la sonrisa que tenía en los labios al decirlo, medio somnolienta, medio perversa, sospecho que está planeando alguna de las suyas.

No me queda otra que relamerme y esperar.

Gros bisous,
P.