El domingo estuvo marcado por la calma, paseos y volver a casa. Y por el frío, por supuesto. Estuvimos bastante liados, entre rehacer maletas, follar, dejar la casa en orden, volver a follar, comer y follar un poco más, de manera que la hora de volver nos sorprendió casi en pañales y tuvimos que acelerar el retorno.

No hubo más, la verdad. Comparado con el día anterior, el domingo casi pasó desapercibido, salvo por un par de memorables charlas, a las que titulé por la frase de comienzo (“Me parece que sólo pensamos en follar” y “Cuanto más lo hago, más quiero”).

Y apenas aterrizamos, comenzó el planear la siguiente aventura.

Gros bisous,
P.