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La salida, presidida por el frío, fue un vagar por calles iluminadas por la oscuridad nocturna para encontrar que o lo que buscábamos estaba cerrado o ya no estaba en activo.

Al final, por pura suerte e internet, encontramos un club que parecía más una discoteca. El ambiente era frío, casi como si estuvieramos en un restaurante sin mesas ni sillas. Pese a ello encontramos un par de razones para quedarnos, como el descansar un poco y observar el ambiente, saboreando el momento.

Al final nos entró, de una manera tan directa que bordeaba la rudeza, una mujer de fisonomía impactante, acorde con su temperamento extrovertido. Tardamos poco en congeniar y acabamos por llevarla a casa, sin apenas dudas por ninguna parte.

No fue una velada memorable, pero si entretenida, pues tanto Kerry como yo quedamos fascinados por los pechos de la dama, que a su vez se fascinó con mis manos. Nuestra invitada se marchó pronto, argumentando un compromiso al día siguiente (Domingo, por cierto), y nosotros seguimos con la fiesta, empezando con la ceremonia en la que me inició mi pervertidora favorita, la Dama de los Pies Fríos, y luego dedicando nuestra pasión a simplemente gozar.

En fin, que no quedamos dormidos cuando amanecía, más o menos, y yo me desperté un par de horas después.