Llegamos a la casa que Maman tiene en Montreux hacia las siete de la tarde del 6 de enero pasado, con una maravillosa temperatura: seis grados bajo cero. A la larga, la temperatura, junto a la capacidad creativa y las inacabables energías de Kerry, mi maravillosa Blondie, se acabarían cargando de manera inmisericorde todos y cada uno de mis planes.

Al menos el día 6 las cosas salieron como yo tenía previsto. Bueno, en parte.

Como ya era de noche, aparte de deshacer las maletas y hacernos a la casa, poco mas hicimos. Bueno, poco, lo que se dice poco… Tras cenar, nos sentamos frente a la chimenea y comenzamos a hablar y planear el fin de semana. Ella se ocupó de las bebidas y yo de la música para la velada, y acabamos realizando un planning que, tengo ahora la certeza, Kerry estaba más que lista para sabotear desde el comienzo.

Así que, finalizados los planes, comenzaron los mimos y las caricias. De hecho ya habíamos empezado a tocarnos maliciosamente mucho antes, pero al terminar la parte “formal”, se acabaron las excusas.

Así que, mientras que afuera hacía un frío considerable (5 bajo cero, si mal no recuerdo), nosotros follamos y disfrutamos del calor de la calefacción.

Y ahí mismo se fueron los planes a la mierda, porque si bien yo había previsto una noche de sexo y un buen sueño, sólo hubo lo primero, porque a dormir dos horas no lo llamaría yo dormir, francamente. En fin, la pasión.

Gros bisous,
P.