Cuando una persona le abre a otra su alma o su corazón, hace un regalo inconmensurable a quien la escucha o recibe, sobre todo por la generosidad y confianza en la que el receptor se convierte en depositario.

Con el transcurso de los días una dama se ha ido despojando de sus velos para ir mostrándome su verdadero ser, o parte de él, y, cuando examino los privilegios que eso supone para mí, no puedo evitar el maravillarme ante semejante lujo que me ha sido otorgado.

Y si esto se repite con dos mujeres extraordinarias, ya ni te cuento, querido diario. Porque la calidad de las damas, con o sin pies fríos o helados, misteriosas o francas, es enorme.

Por eso puedo decir que este año termina deliciosamente.

Gros bisous,
P.