Ayer asistí a un capricho de Kerry. Unos amigos suyos organizaron un “dogging”, es decir, practicar relaciones sexuales en un espacio público. Por ello, ella y yo participamos en un evento de ese tipo, siendo, por cierto, mi primera vez. A ella le hizo mucha gracia “desvigarme” en tal menester. Kerry quería ver mi reacción al verle tener sexo con otros hombres. O mejor, dicho, quería verme mientras yo observaba como otros la follaban. Y yo, lo confieso, me moría de morbo pensando en ello, sobre todo teniendo en mente algunas conversaciones habidas con cierta dama.

Este deseo que puede parecer perverso o incomprensible no lo es para mí. Me explico. Todos podemos tener relaciones sexuales con una u otra persona sin que sean nuestra pareja y sin que ello implique NADA más que el sexo en sí. Los sentimientos son otra cosa MUY distinta. El sexo es sexo, simplemente.

Para mí, verla en esa situación, chupándosela a un hombre mientras otro la penetraba, era una situación fantástica, por el morbo de verla gozar ella en ese momento y como disfrutaban con ella, pero sobre todo, por el poder que ella ejercía sobre esos hombres, como pude ver claramente cuando se desentendió, una vez finalizado el coito, del último de ellos. Hasta hoy no he conocido el motivo y, sin dudarlo, le doy la razón.

En total, según recuerdo, en las dos horas que duró la experiencia, folló con tres hombres distintos y se la chupó a otros dos, siempre con la debida protección, por supuesto.

Estoy seguro, plenamente seguro, que ninguno de esos hombres disfrutara la mitad de lo que lo hice yo.

Así terminó la primera parte de la velada.

Gros bisous,
P