Finalizado el evento, mientras íbamos a la casa donde continuaría la fiesta, ella me preguntó por lo que había sentido viéndola follar de esa manera y por lo que pensaba. Se lo dije. Estaba encantado por verla tan poderosa, tomando lo que quería de cada hombre, disfrutándolos y gozando de ellos y de su propia sexualidad. Me sentía feliz.

Ella sonrió y me pidió que le explicara más sobre eso, cosa que hice. “Ellos también han disfrutado conmigo”, me dijo. Cierto, le contesté, pero como y donde tú les dejabas. Si tú no querías con uno, quedaban los otros. Ellos sólo tenían a las otras dos chicas.

(Nota, en ese evento participaban tres chicas y una docena de chicos).

Llegamos a eso de la medianoche a la casa donde varias parejas, chicos y chicas solos participaríamos en una cama redonda. Allí Kerry y yo nos acaparamos mútuamente, sobre todo cuando ella me feló delante de todos, cargándose la conversación de golpe, huelga decirlo. Nos dejamos tiempo para poder jugar con otros de los participantes, desde luego, pues ambos lo queríamos. Yo, como había sido “sorprendido” por ella con ese juego al aire libre, le enseñé uno de mis secretos, con la colaboración de otra persona, y los dos jugamos para goce de una sorprendida y fascinada Kerry, que, a su vez, me pilló desprevenido por el grado de calentura y excitación que mi pequeña sorpresa le causó.

Creo que, comparada con aquella orgía desmesurada en la que nos conocimos ella y yo, lo de anoche fue infinitamente mejor por el nivel de complicidad existente entre ambos, como pude comprobar a su lado, ya fuera viéndola con otro, viéndome ella con otra o dejando que los demás nos vieran disfrutar de nuestra excitación y placer mútuo, que se acrecentaba por todo lo que llevábamos vivido esa noche, juntos y por separado.

No espero que muchas personas entiendan o comprendan esto que acabo de explicar y se queden con la parte obvia, que ella folló con otros y otras ante mis ojos y yo hice lo mismo. Hay más, mucho más, como he repetido a lo largo de este diario que tanto hace que empecé. Hay más, mucho más, de lo que, a simple vista, podemos entender.

Gros bisous,
P.