Llevo días viendo avecinarse un desastre sobre cabeza ajena y no tengo manera de evitarlo. Alea Jacta Est.

Odio sentirme impotente.

Esta noche he quedado para cenar con sir Oliver y luego ir de copeo por ahí. Tengo ganas de ver como va, sobre todo para quitarme un poco de mal sabor de boca por algo que ha sucedido hoy. O que va a suceder. O que ya ha sucedido sin nadie saberlo.

En otro orden de cosas. He decidido centrarme en Kerry, dejar una plaza libre para una dama y el resto consignarlo al capítulo de “placeres puntuales”. Se acabó el zorreo sin medida.

No quiero atarme al determinismo de la cadena de un acto que me lleva al otro. No quiero que mi libertad se vea reducida al azar provocado por las eventualidades de la vida, sino porque yo me entregue a mi destino con todas las consecuencias.

Gros bisous,
P.