Kerry y yo hemos estado charlando vía telefónica, y ella ha querido explicarme algunas cosas de ella para que pueda entenderla según qué decisiones tome siguiendo sus impulsos, al parecer menos previsibles que los míos.

En nuestras charlas (la de hoy y las anteriores) me ha contado que perdió la virginidad a la tradicional edad de 18 años pero de una manera poco convencional para una primera vez: en una orgía, con otras dos chicas y cuatro chicos. Una interesante manera de iniciarse, en mi opinión. Ella atribuye a ese comienzo a que se aficionara pronto a los encuentros sexuales con más de una persona y, en sus primeros días, a masturbar manualmente (sin mirarles nunca a la cara) a desconocidos que se encontraba en los cines porno.

“¿Escribirás sobre esto? Espero que lo hagas”, me ha dicho.

Me hubiera gustado conocerla antes, mucho antes, no por la diferencia de edad, sino porque, en ese pasado hipotético, yo aún tendría la capacidad de sorprenderme, y no esta pragmática manera de aceptarlo todo. Aún así, cuando me confiesa que en las orgías no vacila en usar manos, boca, coño o culo dependiendo simplemente del momento, yo, que la ví en la que participamos, doy fe de ello, y me maravillo con la sencillez con la que lo explica.

En otros momentos, cuando me habla de su candidez inicial y de las temeridades que cometía por falta de experiencia, se me eriza la piel.

Gros bisous,
P.