He quedado esta tarde para tomar algo con Elle. No lo tenía previsto, pero de repente ha surgido la oportunidad y, por un lado, he querido complacerla quedando, aprovechando un escaso momento que tiene en esta complicada semana suya y, por otro, aclararle algo.

Hemos hablado. Yo quería saber porqué diantres le sentó mal que yo estuviera “incomunicado” el sábado pasado, tal y como me lo expresó de manera virtual ayer. Ella me había dejado claro que el fin de semana lo tenía complicado y yo le dije que aprovecharía si salía algo, lo que ella aprobó como algo obviamente lógico (su aprobado o no tampoco es que fuera muy necesario que digamos…). Como yo ya tenía la cita para comer con Kerry en la agenda, ya lo estaba aprovechando. Y más que hice, como ya expliqué en su momento. Sin embargo, por algún motivo que se me escapa, ayer, conversando por whatssap, Elle me comentó que se había sentido “mal” porque yo no le contestara hasta pasadas bastantes horas (lógico, si estoy ocupado, chérie, el móvil procuro olvidarlo). Le preocupó, me dijo, que yo hubiera podido tener un accidente (Bueno, vale). Al final, entre dientes, ha confesado que se ha acostumbrado a hablar conmigo y que al no estar yo disponible se “estresó”. Que le daba envidia mi orgía del lunes y mi escapada del jueves y que todo eso le hizo querer hablar conmigo (¿Seguro que era hablar? No he hecho la pregunta por pura sensatez).

Me ha dejado poderosamente intrigado. ¿En el poco tiempo que hace que me conoce ya se ha “acostumbrado” a hablar conmigo (De repente me siento un poco como Pluto, el perro de Mickey Mouse)? ¿Tan rápido me he vuelto un “hábito” para ella? Me sorprende un poco.

Yo le he dejado claro que, igual que respeto su libertad de acción y de ir con quien le salga de los ovarios, espero lo mismo de ella. No he sido diplomático al decírselo, sino simplemente sincero y directo, sin dejar espacio para las ambigüedades ni las dobles lecturas. “Tú en tu casa y yo en la mía, tú con tu vida y yo con la mía“. Si se ha molestado, lo ha ocultado bastante bien. A juzgar por lo que ha venido después, no ha debido de afectarle demasiado.

Entonces, al verla tener que recular y matizar sus palabras, se ha apoderado de mí un extraño júbilo, una perversa satisfacción anticipada y mi parte más mefistofélica me ha salido de dentro, y me he dedicado a tentarla y picarla todo lo que se ha dejado la dama, que no ha sido poco.

Al final hemos acabado en el asiento trasero de su coche, como dos adolescentes cualquiera, en un oscuro rincón de carretera, dándonos el lote. Besos, arrumacos, caricias, manos que se cuelan por todas partes. Una escena muy romántica si no se hubiera tratado de los dos golfos que somos y que, tras la oportuna ración mútua de sexo oral en una posición harto incómoda (las malditas estrecheces de los coches, los techos bajos del demonio, los asientos reclinables que no se reclinan una mierda, esas cositas…), tras todos esos preeliminares, la he sodomizado.

Sí, en ese lugar ignoto y misterioso, alejado del mundanal ruido, rodeado de la naturaleza, le he follado el culo a Elle sin contemplaciones y nocturnidad. Ella a cuatro patas, apoyada sobre manos y rodillas, semidesnuda y temblorosa en el asiento trasero, senos bamboleándose libres, acariciándose y acariciándome con sus dedos frenéticos y yo detrás, de pie, con los pantalones por los tobillos; las manos en sus caderas sujetándola; la puerta del coche, fría como el polo, rozando mis posaderas desnudas y el sentido común (el de ambos, bien pensado) en busca y captura. Creo que sus gemidos han tenido que escucharse hasta en las Ramblas.

A la mierda el romanticismo, lo se. Es lo que tienen las urgencias sexuales, que salen como salen. O entran por donde entran, todo depende de por dónde se mire. Yo no quería follarla de otra manera, y a ella le ha parecido perfecto.

Un saludo para la pareja del coche situado unos veinte metros más adelante, que han salido para mirarnos y me han devuelto el saludo con una sonrisa. Ah, la complicidad fornicadora.

Gros bisous,
P.