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Anoche Maman me metió en un avión de una patada en el culo y me llevó a París para otra fiesta sorpresa. Que todo saliera tan bien todavía me sorprende. Me recordó a los viejos tiempos con mi ex-osita: apenas aterrizado, con las maletas por deshacer y con el tiempo justo para asearnos y cambiarnos de ropa, salir corriendo para una fiesta liberal.

Con el añadido de que esta vez, también, para variar, yo no tenía ni idea de qué clase de evento se trataba esta vez. Claro, tenía mis sospechas, por supuesto, pero ni una sola idea clara o siquiera bien orientada. Eso sí, la sonrisa de Maman me hacía estar seguro de que se avecinaba otra sorpresa de las suyas, de manera que me iba relamiendo a la par que me preguntaba por lo que se avecinaba.

Aún así, la calma de Maman me resultaba harto peculiar, porque el viaje hasta su casa es largo, y luego teníamos que ir al lugar de la fiesta. Cuando me dí cuenta de que el camino no era el que llevaba a su hogar, me limité a cruzarme de brazos, mirarla y decirle “¿Otra vez dando un ‘rodeo’?“.

Ibamos directos a la fiesta, porque tendría lugar en casa del anfitrión de la del lunes. “Ah, bueno, vale, en casa de tu novio…“.

-Que poca gracia tienes a veces, mon petit ours – Me replicó ella.

Una vez allí, Maman me explicó de qué iba todo y yo me sonrojé por mi torpeza. El plan B, por supuesto. Un gang bang. La idea era que yo estuviera de observador, sin participar si no me convencía, pues Maman conocía mis dudas al respecto. Respecto al gang bang y a mí mismo, y yo respecto al gang bang.

A diferencia del lunes, esta vez el número de invitados se podía contar con los dedos de mis dos manos, no por decenas. Aparte de Maman, su “novio” y yo, en el evento participaban una chica y seis chicos. Yo, que había emprendido el vuelo con el pulso alterado gracias a la Dama de los Pies Fríos, noté como se me aceleraba todo mi organismo al ver a la dama e intuir lo que se avecinaba. Y tomé una decisión in situ.

Las dos horas y media que siguieron fueron una exhibición de poder por un lado y por el otro. Ella, dueña y señora de la situación, atendiendo a los hombres y mostrándose incansable, lo que me recordó algo que no he visto. Por el otro, ellos abocados sobre ella. Fue un tour de force, interesante, excitante, por supuesto, pero dado que yo ya me había decidido y afirmado mi propósito, me limité a observar como el que está en el teatro asistiendo a una obra bastante experimental. Estuvo bien, sí.

Maman se sorprendió cuando vio que yo permanecía quieto, sin mostrar inclinación alguna a participar (al parecer, esa era una de las subtramas de la noche), sin perderme detalle, eso sí. Hubiera sido una descortesía por mi parte, pues estaba viendo una obra magníficamente representada que se merecía que yo prestara toda mi atención.

Finalizada esa parte de la velada, mientras tomábamos un pequeño refrigerio y y la dama y sus folladores descansaban, él nos preguntó que nos apetecía hacer. Le intuí algo decepcionado por cómo iba todo, por lo que tuve un momento de inspiración y, llevándomelo a parte, le hice una sugerencia que sabía que le iba a encantar.

Así fue. Y es que a veces tengo ideas geniales.