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Mi idea era muy simple. Organizar una cama redonda con los que quisieran participar. Salvo dos de los chicos, que tenían que marcharse por un motivo u otro, todos los demás nos quedamos.

Antes, mientras terminábamos de refrescarnos, le expliqué mi idea a Maman y mis motivos. Quería, simplemente, verla follar con otros, porque añoraba disfrutar de ese portentoso espectáculo. Ella, tras reírse un buen rato, exclamó “Cómo has cambiado. Aún recuerdo cuando eran un novatillo nervioso y te adopté para enseñarte este mundo… cómo has cambiado, so golfo“.

Cierto, he cambiado. Desde que ella se convirtió en mi madre oscura y me enseño a caminar por este mundo, he aprendido mucho de ella y por mi cuenta. Y lo intento aplicar. Así que todos compartimos lecho, y yo disfruté con la protagonista del gang bang, viendo a Maman dando y recibiendo placer, incluido el mío. A eso de las cinco de la mañana, la fiesta fue decayendo, y llegó el momento de irse retirando. Los tres despedimos a nuestros compañeros de juegos y luego nos fuimos a dormir. Yo, por el trajín de la semana y el viaje, me caía de sueño.

Que semana tan loca, tan excesiva, tan fantástica.

Gros bisous,
P.