La dama, pragmática, dado que estábamos en la habitación, ligeros de ropa y con las intenciones casi intactas pese al chasco, ha querido seguir adelante y hemos tenido una fiesta diferente, pero igual de entretenida. Como la cama era enorme, en varios momentos parecía que jugábamos al corre que te pillo, lo que ha añadido unas considerables dosis de humor al encuentro que han ido de maravilla a la hora de olvidarse del desencuentro con ese personaje.

Elle se ha sorprendido un poco cuando me ha salido un ramalazo extra tierno al intuirla molesta, y se ha mostrado encantada por el contraste entre mi lado tierno y mi lado más “malote”, confesándome luego que se ha excitado muchísimo. Bromeando me ha dicho “sí que he hecho un trío, con tus dos lados”, lo que nos ha hecho volver a reir.

Admito que, antes ya del chasco, la dama y yo ya nos habíamos reído en el ascensor bastante porque ella hizo la reserva con mi antiguo apodo. Y claro, cuando me preguntan a nombre de quién iba la reserva, ella salta “el señor Panda”, la risa casi se me escapa in situ. Una vez en el ascensor nos hemos seguido riendo bastante. Sospecho que so ha debido de incomodar al otro. Tal vez se ha sentido excluido por nuestra diversión. Si al final se ha “rajado” por eso, ha demostrado ser, además de un impresentable. un perfectísimo imbécil.

Creo, sin lugar a dudas, que este encuentro ha sido el mejor de todos los que la dama y yo hemos tenido. En parte por la sorpresa que la iniciativa de la dama me ha provocado, y en parte porque, al tener muchas más horas a nuestras disposición que en nuestros anteriores encuentros, nos ha dado para mucho, se hablar tranquilamente a follar como fieras, lo que nos ha encantado a los dos sobremanera.

He gozado con todo su cuerpo y con esa maravillosa mente, excelentemente dotada para el pecado. Sospecho que hoy, inadvertidamente, hemos comenzado a jugar a ver quien le folla antres la mente al otro.

Gtros bisous,
P.