Una constante de mi vida es que a todo exceso (o gran cantidad de) por mi parte le sigue una penitencia inmediata, unas veces más suave, otras veces menos. Tras la semana alegre que he tenido, sospecho que mañana tendré esa penitencia.

Esta mañana he ido a ver a Maman y mis primos. P. parece que tiene una gastroenteritis puñetera que lo tiene un tanto revuelto, aunque eso sólo afecta a sus intestinos, pues si humor sigue igual de inalterable.

Me olvidaba decir que ayer suspendimos nuestros planes nocturnos debido a este motivo. Por ello, y porque esta tarde ya regresaban a París, hemos montado una pequeña fiesta los cuatro. Bueno, tres y medio, que P. no estaba del todo fiestero, obviamente.

Hemos empezado tonteando, bromeando, con los dos damas tomándole el pelo al pobre P. a base de meterme mano delante de sus narices. Obviamente, yo estaba encantado. A pesar de mis avisos (o quizás por ello), la temperatura ha subido y los cuatros nos hemos ido a la cama, aunque P. de manera intermitente por sus molestias… que se le han olvidado cuando los tres le hemos dedicado nuestras más tiernas atenciones la vez.

Al final yo he disfrutado de las dos damas para mí solito, pues P. ha tenido que retirarse y yo me las he visto y deseado para poder estar a la altura de esas dos tigresas desatadas. En fin, que he dejado el pabellón todo lo alto que he podido. Sospecho que Durex me va a hacer socio de honor después de esta semana, ahora que pienso.

Gros bisous,
P.