Ayer Maman me sorprendió al traer a N. y a P. Pero sorprendido del todo, lo confieso, como ya dije anteriormente.

Fuimos a cenar a un italiano (recuerdo que estaba por Sarriá, pero que me aspen si puedo acordarme del nombre). Cenamos de maravilla, sin que yo metiera la corbata en la salsera ni nada por el estilo. Después de eso, ronda de locales varios, copita aquí, copita allá, hasta que llegó el momento por mi parte de decirles “estáis un punto más allá del puntito, parar ya”, tras lo cual nos encaminamos a Chez Maman a seguir la fiesta los cuatro, abandonada la idea de ir a un club a ver qué encontrábamos (eso lo dejamos para esta noche).

Y una vez a solas los cuatro, pues a jugar todos. Simplemente, fue una gran velada con personas a las que adoro y con las que me lo paso en grande. Mi lado bi resucitó y me lo pasé en grande.

Mientras tanto esa misma noche Elle tuvo una espectacular velada que hoy me ha explicado con una gran sonrisa mientras tomábamos unas tapas. Y con su felicidad y con la de la Dama de los Pies Fríos estoy a punto de convertir en un oso amoroso de tanta bondad y alegría que me inunda.

Gros bisous,
P.