Elle y yo hemos tenido una cita pasada por agua en el que ni uno, pero ni uno de nuestros planes originales (ni los suyos ni los míos) han salido bien. Dicho así suena catastrófico.

Pero no lo ha sido.

A los diez minutos de estar en el restaurante donde ibamos a tomar unas tapas ha saltado la alarma antiincendios. La gente, con calma, ha abandonado el local, y nosotros con ellos. Esperando bajo el toldo, a los diez minutos se ha comprobado que era una falsa alarma y todos hemos vuelto al interior, justo a tiempo, porque afuera se ha desatado un temporal de lluvia.

Era tal la tormenta que apenas podían distinguirse los edificios del otro lado de la calle, por lo que mi plan B empezaba, y nunca mejor dicho, a hacer aguas. Así que me he concentrado en el tapeo y en ignorar la tormenta mientras, para mis adentros, recordaba una infausta jornada no muy lejos de dónde nos hallábamos. Pero no me ha dado la gana ceder al desánimo.

Al cabo de un rato los dos ya estábamos bastante risueños, ya fuera por los vinitos que acompañaban a las tapas o por los hados, porque ella ha tomado la iniciativa con las bromas subidas de tono y yo me he encontrado intentando estar a su altura sin pasarme de frenada. Por suerte, no ha sido así.

De repente, ella, con una mano sobre la mía, me dice, con una sonrisa pícara: “Creo que lo sabes, pero cerca de aquí hay un hotel donde podríamos pasar unas horas muy agradables los dos…”. Mientras mi diablillo interior se alegraba enormemente de la sugerencia, otra parte de mí de ha acordado de la Dama de los Pies Fríos, y no he podido evitar sonreirme mientras nos poníamos en marcha hacia el lugar, porque, una vez más, he pecado de ingenuo y he infravalorado a mi compañera de juegos.

La lluvia ha sido amable y nos ha dejado llegar al hotel relativamente secos. Hemos tenido suerte y, pese a la falta de reserva previa, hemos subido de inmediato a la habitación y, allí, nos hemos dado un festín que, sinceramente, nos ha sabido a poco. Como Elle ha dicho mientras nos vestíamos:

-Estoy hay que repetirlo
-Claro que sí, pero C., la próxima vez sin lluvia.
-Por supuesto.
-O que uno traiga paraguas la próxima vez.
-¡Muy buena idea! ¿Te va bien repetir mañana?

Realmente, hoy ha sido la tarde de las sorpresas.

Gros bisous,
P.