Siempre he dicho que mi placer y mi bienestar va por delante de todo. Eso no es siempre del todo cierto.

Soy, como todo el mundo, algo egoísta, la verdad sea dicha, y la vida ha reforzado ese rasgo de mi personalidad y lo ha refinado hasta convertirlo en puro sentido de la supervivencia.

En la cama, sin embargo, siempre tengo la preocupación de complacer a mi compañera de juegos. Sólo me olvido de ese principio inviolable cuando la persona que está conmigo me importa un comino, y eso rara vez pasa.

Pero incluso cuando me esfuerzo para hacer feliz a la otra persona lo hago por egoísmo puro, porque el placer de ella refuerza el mío.

Gros bisous,
P.